lunes 31 de agosto de 2009

Obsesiones celosas

JAVIER PÉREZ

No es una de las mejores películas de Claude Chabrol, hay que decirlo, pero se conduce por terrenos interesantes que responden a un tema recurrente en la filmografía reciente del ya casi octogenario nuevaolero: la obsesión por el otro y el desmoronamiento por los celos. Una mujer para dos (La fille coupée en deux; Francia, 2007), protagonizada por la no hace mucho reincorporada a los primeros planos del cine francés Ludivine Sagnier (Swimming pool), es una historia romántica que lleva los encuentros/desencuentros del enamoramiento no a los planos de la comedia romántica, sino a los complejos y salvajes territorios de la posesión (y, además, cosificación de la mujer) en una sociedad francesa aparentemente liberal y civilizada.

Partiendo del lugar común de la chica ingenua aunque, eso sí, inteligente y con capacidad de decisión (Sagnier), que se enamora perdidamente del experimentado y afamado escritor Charles Denis (François Berléand) que la introduce a insospechados senderos del placer, con todo y que al mismo tiempo le sale pretendiente millonario de su edad (Benoit Magimel, ya actor recurrente de Chabrol), la cinta se esfuerza por llegar y aterrizar en el tema de los celos y sus enfermizas repercusiones.

Como es clásico en el cine del maestro Chabrol (ha dirigido, entre muchísimas otras, La dama de honor, 2004, y La flor del mal, 2003), los elementos de comedia negra impregnan el filme. Su simbólico final ilusionista, que explícitamente alude al título original (una mujer partida en dos), no deja de ironizar sobre el valor de la honestidad dentro de una sociedad hipócrita y sobre la capacidad autodestructiva de algunas verdades.



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