JAVIER PÉREZ
Tras un viaje a la comunidad La Esperanza, en el municipio autónomo zapatista de San Pedro Michoacán, Chiapas, Alberto Cortés quedó impresionado con lo que sucedía ahí con los zapatistas, “pero más bien a nivel de los pueblos, de la gente”. Eso le generó la inquietud de “querer mostrar lo que estaba pasando”, dice en entrevista. Y agrega: “También porque hemos conocido el zapatismo a través de documentales y reportajes, pero nunca se había pensado en mostrar todo lo demás a partir de una historia de ficción. Ése fue el reto”. El resultado es Corazón del tiempo (México, 2008), largometraje de ficción que, actuado por la gente de la comunidad (coproductora de la película), cuenta la historia de amor entre una mujer joven ya comprometida y un rebelde del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, la cual rompe con las tradiciones al tiempo que alega por el derecho de la mujer a decidir sobre sí misma.
–Desde que aparecieron, los zapatistas tenían una ley de mujeres –explica Cortés–. Es algo de lo que va cambiando dentro de la comunidad zapatista: el lugar que se da a la mujer en la sociedad, y también el que le han dado en los puestos de gobierno y mando, en el caso del EZLN, y de mando, en el caso de las juntas de buen gobierno. Son cosas muy sorprendentes. Y bueno, tenemos esta historia romántica de esta chica que tiene este conflicto, que choca con la tradición, y la manera de ver cuál es el papel que tienen las mujeres, que por lo general en todas las sociedades es aceptar el destino que se impone. Pero esta chica ha decidido tomar el destino en sus manos.
–¿Por qué decidió hacer una historia romántica para tocar estos temas del zapatismo?
–Me parece que a través de una historia romántica podía entrar más a los sentimientos y emociones. Teniendo esto como pretexto, podía mostrar cómo se está viviendo aquí. Podría ser una historia romántica que sucede en cualquier lado, en cualquier sociedad, en cualquier momento, con la que nos podemos identificar todos.
–Me parece que a través de una historia romántica podía entrar más a los sentimientos y emociones. Teniendo esto como pretexto, podía mostrar cómo se está viviendo aquí. Podría ser una historia romántica que sucede en cualquier lado, en cualquier sociedad, en cualquier momento, con la que nos podemos identificar todos.
–¿Cómo fue la convivencia con los lugareños? ¿Fue difícil que se abrieran y se mostraran como son?
–No. La dificultad de plantearle a un grupo de gente específico, como los zapatistas, y más en concreto a un pueblo, estaba en cómo decirles que harías una película si muchos de ellos nunca habían visto una. Empezamos por mostrarles cine. Hicimos un cineclub y por ahí comenzamos a abrirnos las puertas. Fue la mejor decisión que tomamos porque nos empezamos a dar a conocer a través del cine, pero a través de su marca más amable, que es la exhibición. Nunca metimos una cámara ni quisimos entrevistarlos porque una cámara es muy intimidante para cualquier persona.
–No. La dificultad de plantearle a un grupo de gente específico, como los zapatistas, y más en concreto a un pueblo, estaba en cómo decirles que harías una película si muchos de ellos nunca habían visto una. Empezamos por mostrarles cine. Hicimos un cineclub y por ahí comenzamos a abrirnos las puertas. Fue la mejor decisión que tomamos porque nos empezamos a dar a conocer a través del cine, pero a través de su marca más amable, que es la exhibición. Nunca metimos una cámara ni quisimos entrevistarlos porque una cámara es muy intimidante para cualquier persona.
–¿Cómo fue haber trabajado con los lugareños como actores?
–Fue interesante y muy divertido porque en esa zona de Chiapas una de las características que tienen es que han erradicado el alcoholismo: llevan más de 20 años sin beber. Así que todos estos jóvenes que aparecen en la película han vivido en una sociedad mucho más sana. Les resultó muy atractivo involucrarse en el juego de lo que es el cine, quedamos muy gratamente sorprendidos por su nivel de entrega y compromiso. Fue un proceso muy largo, pero al mismo tiempo sorprendente para nosotros. Era más difícil plantearse meter actores y hacerlos que se manejaran en un lugar como la selva, a caminar en el lodo o montar, trabajar un fogón o hacer tortillas. Era más complicado tratar de que gente de fuera supiera manejarse en un medio tan difícil como la selva Lacandona. En cambio, el otro proceso es como entrar en el arte de la representación, fue diferente, pero tenía la riqueza de que ellos saben cómo es la vida aquí.
–Fue interesante y muy divertido porque en esa zona de Chiapas una de las características que tienen es que han erradicado el alcoholismo: llevan más de 20 años sin beber. Así que todos estos jóvenes que aparecen en la película han vivido en una sociedad mucho más sana. Les resultó muy atractivo involucrarse en el juego de lo que es el cine, quedamos muy gratamente sorprendidos por su nivel de entrega y compromiso. Fue un proceso muy largo, pero al mismo tiempo sorprendente para nosotros. Era más difícil plantearse meter actores y hacerlos que se manejaran en un lugar como la selva, a caminar en el lodo o montar, trabajar un fogón o hacer tortillas. Era más complicado tratar de que gente de fuera supiera manejarse en un medio tan difícil como la selva Lacandona. En cambio, el otro proceso es como entrar en el arte de la representación, fue diferente, pero tenía la riqueza de que ellos saben cómo es la vida aquí.
–¿Qué significa para usted el movimiento zapatista, cambió su perspectiva a partir de la filmación de la película?
–La filmación fue el proceso final, porque este proceso lo empezamos por ahí de 2002. A mí me sorprendió muy gratamente lo que está sucediendo ahí: es una revolución, una comuna, un experimento social muy importante, una aportación muy grande que se ha hecho para México. A partir de 1994, el concepto que se tiene del mundo indígena en todo México ha cambiado desde la aparición del zapatismo.
–La filmación fue el proceso final, porque este proceso lo empezamos por ahí de 2002. A mí me sorprendió muy gratamente lo que está sucediendo ahí: es una revolución, una comuna, un experimento social muy importante, una aportación muy grande que se ha hecho para México. A partir de 1994, el concepto que se tiene del mundo indígena en todo México ha cambiado desde la aparición del zapatismo.
–¿Qué opina de la situación actual del cine mexicano?
–Atraviesa por una etapa muy interesante porque se pueden encontrar gran diversidad de películas y temas. De pronto puedes ver películas de mexicanos en Hollywood, puedes encontrar otras más experimentales, como puede ser el trabajo de Reygadas, o propuestas muy novedosas como Temporada de patos o Lake Tahoe, o películas como la que estamos planteando nosotros. Parece que vivimos un momento muy interesante. Desgraciadamente, toda esta imaginación de propuestas y diversidad de abordar el cine no corresponde con una distribución y exhibición igual de imaginativas. Todavía falta luchar por conseguir más pantallas y una igualdad de distribución y promoción para nuestras películas, pero me parece que vivimos un momento muy imaginativo.
–Atraviesa por una etapa muy interesante porque se pueden encontrar gran diversidad de películas y temas. De pronto puedes ver películas de mexicanos en Hollywood, puedes encontrar otras más experimentales, como puede ser el trabajo de Reygadas, o propuestas muy novedosas como Temporada de patos o Lake Tahoe, o películas como la que estamos planteando nosotros. Parece que vivimos un momento muy interesante. Desgraciadamente, toda esta imaginación de propuestas y diversidad de abordar el cine no corresponde con una distribución y exhibición igual de imaginativas. Todavía falta luchar por conseguir más pantallas y una igualdad de distribución y promoción para nuestras películas, pero me parece que vivimos un momento muy imaginativo.
Corazón del tiempo se exhibe en Cineteca Nacional, Cinépolis y Cinemas Lumiére.
viita mi blog y mi web http://wwelatin0.es.tl/
ResponderEliminarbai!!!!!!!!